Viaje a Malvinas: Monumentos de guerra

Monumentos de guerra

Salgo a recorrer la costanera. Según la guía que mangueé ayer en las oficinas de turismo, casi todo “lo que hay que ver en Stanley” se encuentra sobre la Ross Road, avenida costera que se extiende a lo largo del pueblo.

Empiezo por la Casa del Gobernador. Aquel 2 de abril de 1982, las tropas argentinas desembarcaron en Puerto Argentino y luego de un tiroteo que duró un par de horas lograron reducir a los 50 o 60 Royal Marines que custodiaban al Gobernador en su casa. Esa primera batalla fue la culminación de la llamada “Operación Rosario”, donde Argentina retomó el control de las islas y en la que además, falleció el Capitán Giachino, considerada la primer baja de la Guerra de Malvinas. Luego vendría la invasión inglesa y se desataría el conflicto que todos conocemos.
Hoy en día, este inmenso edificio rodeado de un jardín lleno de flores, es la residencia y oficinas del actual Gobernador de las islas, cuya función es prestar consejo a los diferentes legisladores en el ámbito que sea. Los legisladores son votados por los residentes de las islas, en cambio el Gobernador, es designado por la cancillería británica.IMG_0771 IMG_0816Más al oeste se encuentra el Shelum, un barco de 1849 construido en Liverpool, reducido hoy a unas pocas maderas teñidas de verde musgo que sirven –además de postal nostálgica– de refugio a los patos que nadan en la bahía. Justamente la exótica fauna de las islas es algo que enorgullece a los isleños; recuerdo que lo primero que vi cuando llegué al aeropuerto fueron unos murales con pingüinos y gaviotas sobrevolando las playas cercanas a Stanley, lugar que pienso visitar en los próximos días.IMG_0831IMG_0843

A medida que camino hacia el pueblo –ahora hacia el este– voy descubriendo los puntos de interés marcados en la guía. La Guerra de Malvinas fue el más mediático de los conflictos, pero no muchos saben –yo tampoco lo sabía– que las islas jugaron un papel importante en la Primera y Segunda Guerra Mundial. La Ross Road es una especie de museo de guerra a cielo abierto. Todos los monumentos que van apareciendo se relacionan con alguna guerra o batalla del pasado: el Battle Memorial, que recuerda una batalla entre Gran Bretaña y Alemania en la Primera Guerra mundial, el monumento a los Royal Marines, el Monumento a la Liberación, los cañones de artillería, los pedazos de barcos… y la última “atracción” de Stanley, la estatua de Margaret Tacher, casualmente inaugurada el día que llegué a Malvinas. Observo por un rato la escultura de bronce, leo la leyenda que se encuentra debajo y pienso en lo absurdo del monumento, enalteciendo, después de más de 30 años, a una persona que avaló una guerra para mejorar la imagen en su país –muy negativa por aquel entonces– y continuar en el poder. No me caben dudas que si hubiéramos “ganado la guerra”, Argentina estaría llena de estatuas de Galtieri y nos habríamos olvidado de los soldados que perdieron la vida en estas tierras.

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Sigo caminando. El cielo, al igual que ayer, muta de celeste a gris y de gris a negro y cada media hora suelta algún chaparrón. Como el museo está cerrado (abre de martes a viernes y hoy es lunes) visito la Iglesia Católica St Mary´s y luego la Catedral Anglicana, clásica postal de Puerto Argentino junto al exótico arco formado con cuatro costillas de ballena azul.

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Aquí, me encuentro con un grupo de 6 o 7 excombatientes con los que entro a la Iglesia Anglicana. Uno de ellos me reprocha el haber entrevistado a otro excombatiente hace unos días en el Aeropuerto de Rio Gallegos. Entiendo que le hayan molestado las palabras que éste dijo, lo que no comparto es el no haberme permito explicarle que todos tienen el mismo derecho a expresarse ante una cámara, y más aún si hablamos de un veterano de guerra. Como no tengo ganas de discutir, los saludo y me alejo de ellos caminando en sentido opuesto.

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Por la tarde visito a los VGM Carlos Muelas, Tito Valdez y sus dos compañeros. Casualmente ellos se hospedan a dos cuadras de donde estoy parando. Me invitan a pasar al hostal y tomar unos mates. Hoy visitaron los montes donde combatieron y revivieron parte de su historia. Carlos Muelas relata uno de los momentos más difíciles que le tocó vivir en su posición de Monte Tumbledown. “Estábamos en combate, eran las 6 de la mañana y cuando escuché hablar en inglés me quedé paralizado, sin habla ni movimiento. Los ingleses avanzaban hacia donde estábamos nosotros. Muchos de los que fuimos a Malvinas no sabíamos que hacer, no estábamos preparados, en cambio, ellos sabían a lo que venían”. Entre mate y mate, explica los detalles de una guerra que, en aquel entonces –con 18 años y en medio del servicio militar obligatorio– no lograba entender del todo. Ni siquiera tomaba dimensión del peligro que corría.

Escucho sus palabras en silencio, junto a Carlos Balda, uno de los muchachos que acompaña a los veteranos. Me cuenta que vendió su casa rodante en Rio Gallegos para poder realizar este viaje y cumplir su sueño. Recuerdo, por mi parte, que a mediados del año 2014 también ponía en venta mis dos motos para poder recorrer el país, sin saber con certeza que un año después viajaría a Malvinas y menos aún que tendría la posibilidad de escuchar las anécdotas de parte de los verdaderos protagonistas de esta historia, los excombatientes de la Guerra de Malvinas.

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