Vuelta a la Argentina en Gilera: Soltar amarras

Cuando imaginé cómo sería la partida de mi viaje -Vuelta a la Argentina en Gilera- no calculé que irían tantas personas a despedirme. Más bien me vi recorriendo por última vez las calles de Santo Tomé en solitario.
En la Plaza Libertad me esperaban los amigos de la Agrupación Motoruta, los Ex combatientes de Malvinas, algún amigo de la infancia, otros de la secundaria, papá, mamá, mis hermanos…
Nos sacamos fotos, nos abrazamos y nos dimos apretones de manos y besos de despedida.
Las semanas anteriores a la partida había estado corriendo de un lado a otro. Entre presentaciones, la Feria del Libro de Santo Tomé, notas en radios, diarios y televisión no tuve mucho tiempo para juntarme y despedirme de la gente que quiero, por eso disfruté mucho ese momento antes de arrancar el viaje.

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En caravana atravesamos las calles de la ciudad hasta el acceso a la autopista y nuevamente llegaron los abrazos, pero ahora cargados de emoción.
Una vez más pateé la Gilera y arrancó enseguida. El último adiós fue de película; enfilé sólo hacia la autopista y pasé por debajo de un puente, desde donde mi familia y amigos me saludaron levantando los brazos. En ese preciso momento, sólo con mi moto en la ruta me di cuenta que dejaba atrás una vida para comenzar otra y se me llenaron los ojos de lágrimas.

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Foto Puente.

A medida que avanzaba, el clima se tornaba poco alentador, un fuerte y frio viento en contra obligaba a Caprichosa a esforzarse para poder avanzar pero después de cruzar un cartel que decía “ROSARIO 78 KM” la lluvia lo complicó todo aún más. Las opciones eran tomar un acceso hacia algún pueblo y parar allí o seguir despacio bajo la lluvia. Como tenía muchas ganas de llegar a Rosario opté por la segunda y después de cuatro horas y media bajo una tormenta que de ratos me empapaba con un chaparrón, llegué a casa de mi amigo Román.

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Este 1° de noviembre que al principio parecía no llegar nunca, finalmente llegó de golpe y ahora ya es cosa del pasado. Estoy agotado por el viaje y necesito descansar, pero también estoy muy feliz. Feliz por haberme animado a cumplir un sueño, por dejar atrás mis miedos, por superar los obstáculos del camino, por saber que puedo lograr lo que me proponga y por transmitir mis experiencias a mucha gente. Este viaje recién comienza, no tengo bien en claro mi próximo destino, lo que si se es que hay mucho camino por andar.