La vida es un viaje

La última vez que escribí en este blog fue unos días antes de la partida de mi viaje: estaba ansioso y muy entusiasmado de volver a la ruta y empezar a recorrer el norte argentino. Ya pasaron más de dos meses de aquel día y mientras sigo buscando la inspiración para volver a hacer videos, recurro una vez más a las palabras para contar cómo marcha el viaje.

Llevo 65 días viajando y unos 1500 kilómetros recorridos, lo que indica que estoy batiendo mi propio record de lentitud. Eso se debe no sólo a mi modo “tortuga” de viajar sino también a la moto, que en ésta etapa está más “caprichosa” que nunca. La pobre Gilera últimamente ha manifestado varios síntomas de cansancio y deterioro. Pareciera que a ésta altura del viaje se le han venido todos los años encima y le están pasando factura.

En mi paso por Rafaela –a sólo cien kilómetros de la partida en Santo Tomé- Caprichosa tuvo su primera parada en boxes. Tuve que hacer regular válvulas ya que la moto perdía compresión y en tramos de ruta con viento en contra, tenía que viajar en tercera.
En Córdoba, Pablo -un amigo- y su hermano modificaron la instalación eléctrica –cambiaron la batería y la bobina de alimentación- para que Caprichosa, de una vez por todas, tuviera buena luz. Y después de veinte mil kilómetros, es la primera vez que las luces realmente funcionan y puedo viajar de noche.

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Ruta 17, llegando a Ongamira

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Con Tomás en “Radio Quilpo”, San Marcos Sierras

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Sorprendido por la belleza de San Marcos Sierras

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Sin planearlo, en San Marcos Sierras me encontré con seguidores del viaje

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Cumplí 30 años en San Marcos Sierras y lo festejamos con unos choripanes

Mi ruta ha pasado por San Carlos, Rafaela, Freyre, Miramar, Ongamira, San Marcos Sierras, Capilla del Monte, La Falda, Tanti, Villa Carlos Paz, La Calera, Córdoba, Alta Gracia, Rio Cuarto y hace unos días, llegué a Villa Mercedes en la Provincia de San Luis. Acá me reencontré con mi amigo Mosca, un motero de ley que conocí hace dos años en mi primer paso por la ciudad. En su taller me decidí a desarmar la moto: a esta altura del viaje Caprichosa no podía esperar más. No sólo se había agravado el problema de compresión sino que la vieja Gilera marcaba territorio –goteaba mucho aceite- en cada lugar adonde iba.

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Cumbre del Cerro Uritorco

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Hotel Eden, La Falda

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Encuentro con suscriptores, Córdoba Capital

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Con Leo, Martín y Cinco, los chicos que me alojaron en Córdoba

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Con Yago y Clau

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Aprendiendo del mejor, mi tocayo Pablo

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Caprichosa en la casa del Che Guevara

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Amigos que conocí en Alta Gracia

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Con la banda de Rio Cuarto (y un colado en la foto)

Saqué el tanque, el asiento, la tapa izquierda del motor, la derecha y la tapa de válvulas, y Mosca completó el desarme extrayendo la tapa de cilindro, el cilindro y el pistón. Una cosa llevó a la otra y terminamos desarmando casi toda la parte mecánica de la Gilera. Entonces Mosca detectó que uno de los asientos de válvula estaba partido. Bingo! Ese era el motivo que había tenido a mal traer a Caprichosa desde el inicio del viaje.

Casi al mismo tiempo que comencé con el desarme de la moto, me escribió Diego, el propietario de una rectificadora en Capitán Sarmiento, quien se ofreció a arreglar la tapa de cilindro. Al día siguiente, partió -desde la terminal de ómnibus de Villa Mercedes- una caja de cartón con la tapa a reparar, en su interior. A su vez, mandé a pedir una canasta de embrague nueva ya que los dientes del engranaje de la vieja canasta estaban muy gastados. Con las motos antiguas suele pasar eso, más las desarmas y más sorpresas irán apareciendo.

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Encuentro en Villa Mercedes

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Caprichosa, a corazón abierto

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Mosca y su taller

Como los repuestos tardarían varios días en llegar a Villa Mercedes, decidí irme a San Luis y visitar a mí amiga Krys, a quien también había conocido en la primera etapa de la Vuelta a la Argentina en Gilera. Krys es una mina hiperactiva, súper positiva y también está un poco loca (quizás por eso nos llevamos tan bien). Y yo necesitaba volver a verla, a abrazarla, a escuchar cómo andan sus cosas y a contarle de las mías.

Pasamos varios días juntos. Tomamos unas cervezas en un bar de San Luis, fuimos a un encuentro Medieval en Juana Koslay y hasta tuve mi primera clase de tango en Potrero de los Funes (una amiga de una amiga de Krys es profesora de Tango y me enseño los pasos básicos de ésta danza). Sin quererlo, descubrí que me encanta el Tango y que quiero seguir aprendiendo a bailarlo.

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Aprendiendo con Julieta

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Pasando las Pascuas con la familia de Krys, en San Luis

Al día siguiente, Krys y su hijo Fran, hicieron un cartel con cartón que decía “Villa Mercedes” y que yo usaría para viajar por primera vez, a dedo. Krys me acompañó hasta la ruta y luego de media hora apareció un Gol verde, al que me subí luego de abrazarla y prometerle que pronto nos volveríamos a ver.
El chofer se llamaba Oscar y era un muchacho -más o menos- de mi edad que venía de Mendoza y se dirigía a Médanos, un pueblo al sur de Buenos Aires. Durante el recorrido me contó que había viajado a pasar las pascuas a con su familia, que trabajaba manejando máquinas viales y que era la primera vez que subía a alguien en la ruta. Yo le conté sobre mi viaje y él me dijo que tenía unos amigos en Amaicha de Valle y, que en mi paso por el norte, no dudara en contactarlos.
Me di cuenta que hacer dedo es una forma muy divertida y económica de viajar pero también que nos da la posibilidad de conocer personas de todas partes y escuchar sus historias. La experiencia fue muy positiva y sin dudas la volveré a repetir.

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Gracias por todo Krys!

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Mi primera vez…

Nuevamente en Villa Mercedes, me fui al taller de Mosca y me reencontré con Caprichosa. En una esquina del taller espera a ser armada con los repuestos que vienen en camino. La tapa de cilindro desde Buenos Aires, la canasta de embrague desde Córdoba y la cubierta trasera, desde Santa Fe. Y en ésta etapa de mi vida encuentro cierta similitud con la moto con la que viajo. Creo que al finalizar éste viaje ya no seré el mismo que aquel día, hace casi tres años, partió desde Santo Tomé, sino que estaré hecho de experiencias e historias vividas junto a todas las personas que, a lo largo del viaje, fui cruzando en mi camino.